1. Seleccionar o diseñar desafíos matemáticos relevantes y significativos que sean apropiados para el nivel de los estudiantes y estén alineados con los objetivos de aprendizaje.
2. Introducir el desafío de manera clara y motivadora, contextualizándolo en situaciones reales o cotidianas para aumentar la relevancia y el interés de los estudiantes.
3. Proporcionar tiempo y espacio para que los estudiantes trabajen en la resolución del desafío de forma individual o colaborativa, fomentando la creatividad y la exploración de diferentes estrategias.
4. Facilitar una discusión posterior a la resolución del desafío, donde los estudiantes puedan compartir sus procesos de pensamiento, reflexionar sobre sus aprendizajes y recibir retroalimentación constructiva.